Casi todos funcionamos con un color dominante: una fuerza clara y un punto ciego que viene con ella. Saber cuál es el tuyo no te dice qué hacer, pero explica bastante de por qué haces lo que haces.
No hay colores buenos ni malos. El Rojo ejecuta pero no escucha. El Azul planifica pero se paraliza. El Verde sostiene pero evita el riesgo. El Amarillo conecta pero se dispersa.
Y casi nadie es de un solo color: se puede ser rojo con fondo verde. El test te da el dominante, que es el que más manda cuando las cosas se ponen difíciles.
El color explica cómo funcionas. Lo que no dice es qué puedes montar desde donde estás hoy, con el tiempo que te queda y la gente que ya conoces. Eso son nueve preguntas más y te llega un informe con tu punto de partida.